España es uno de los líderes a nivel europeo en la generación de electricidad a partir de la energía fotovoltaica. De hecho en 2022 nuestro país superó a Alemania como el mayor productos en la Unión Europea en plantas de suelo.
A su vez, el autoconsumo duplicó la potencia instalada con respecto a 2021, y eso es una buena noticia, ya que el pasado año el elevado dato de inflación provocó una desaceleración en el sector. De hecho, muchas familias disponen de una cantidad menor de renta, lo que les impide afrontar proyectos de instalación de estas infraestructuras a nivel doméstico. Igualmente, el atasco de las ayudas europeas, con más de 500.000 solicitudes de subvenciones, ralentiza la apuesta pragmática por estas tecnologías.
En cualquier caso, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) ha publicado recientemente su informe anual donde pone de manifiesto que existe una tendencia hacia el crecimiento en esta energía renovable. No solo se ha registrado un récord de capacidad para generar energía eléctrica a partir del sol en plantas de suelo y autoconsumo, sino que esta industria se ha asentado como una actividad generadora de riqueza y empleo.
España, top 5 mundial en energía solar fotovoltaica

Más allá de ser el principal productor de energía fotovoltaica en el conjunto de la Unión Europea en 2022, lo relevante es que ha arrebatado este honor a Alemania. El país germano es quien más veces ha generado esta clasificación en los últimos 20 años.
Por otra parte, la Unión Europea también está de enhorabuena, ya que se consolida como la segunda gran potencia regional en el sector fotovoltaico, superando a Estados Unidos y solo por detrás de China.
La UE instaló un 47% más de infraestructuras que en el año 2021 y supera ya los 208.000 MW. El liderazgo incontestable lo mantiene China, con 1,1 millones de MW de potencia instalada. España, por su parte, se ha colado entre los cinco países más destacados en este parámetro.
Extremadura, Andalucía y Castilla – La Mancha, los grandes focos de interés
A nivel nacional, Extremadura es la comunidad autónoma que más capacidad de generación fotovoltaica posee y aúna más capacidad instalada en plantas de suelo. Le siguen, aunque no muy de carca, Andalucía y Castilla – La Mancha.
Atendiendo a los datos de Red Eléctrica de España, otros territorios con gran protagonismo son Castilla y León y Aragón. Los territorios donde esta tecnología está menos implantada son la Cornisa Cantábrica y la Comunidad de Madrid.
En el primer caso la explicación hay que buscarla en el clima húmedo de esta región, mientras que en Comunidad de Madrid lo que ocurre es que son otros territorios los que surten de electricidad a partir de la energía solar: Castilla – La Mancha, Castilla y León y Extremadura, preferentemente.
Reducir la dependencia de los combustibles fósiles
Más allá de los aspectos puramente económicos, tanto lo que puede suponer en riqueza para los inversores como el ahorro que supone para las familias que optan por el autoconsumo, la apuesta de España por la energía eléctrica se explica por dos razones fundamentales.
La primera es que al ser un país con mucha insolación, esto da lugar a la posibilidad de generar mucha riqueza y convertir a España en un hub energético a nivel europeo. Y el segundo motivo, también muy relevante, es que es una energía inagotable y limpia.
Las placa solares son una alternativa necesaria a otras energías como las derivadas del petróleo, el carbón o el gas natural. Al generar electricidad a partir de placas solares evitamos la quema de combustibles fósiles, lo que reduce significativamente las emisiones de carbono y otros gases de efecto invernadero.
Por otra parte, la adopción de esta y otras energías renovables no solo tiene efectos ambientales positivos, sino que se traduce en beneficios a nivel social y económico. La instalación de sistemas solares crea empleos locales e impulsa la innovación tecnológica.
El empleo verde del que tanto se lleva hablando años tiene en la energía fotovoltaica un actor principal. Finalmente, esta vía para conseguir electricidad supone una solución escalable y accesible para zonas remotas y desfavorecidas, donde las infraestructuras energéticas tradicionales tienen carencias.
Es vital apostar por fuentes de energía diferentes a los combustibles fósiles, pues España no puede ser un país tan dependiente del exterior. Si hay sol, viento, agua, mareas y biomasa, ¿por qué no sacar partido de ellas?
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